sábado, 22 de octubre de 2016

Madrid me inspira -3 LAS JORNADAS



El caso es que fue una encerrona. Me invitan a unas Jornadas para Pacientes y Familiares con Cáncer de Mama (se supone que los familiares no lo tienen aunque el enunciado pueda llevar a error). A mi el término paciente ya me da repeluco, implica paciencia y sufrimiento, dos conceptos en los que no me siento cómoda y, en el tema concreto de la enfermedad, me convierten en objeto pasivo, eliminan toda posibilidad de participar en mi propia curación. Pero, bueno —pensé—, siempre está bien ofrecer una visión diferente y crítica y, por qué no, promocionar Alicia
Ya expuse mis ideas sobre el tema en una articulo publicado en La Independent, hace ahora justo un año (aquí está el link, Posicionándonos ante eso que (no) llaman cáncer, si lo leéis entenderéis mejor esta entrada) y, además se lo envié para advertir del grado de subversión que podía tener mi intervención; o sea, sabían de qué palo iba. El lema general de las Jornadas era “Pensando en nosotras". ¿Quiénes? En mí, estaba claro que no pensaron cuando decoraron de rosa todo el teatro, gesto que elogió el consejero en su discurso: “Nunca había visto una organización tan buena, hasta el agua es de color rosa”. En efecto, los botellines de agua, el cóctel que se sirvió a base de limonada con fresa, los pastelitos de la merienda, incluyendo unos en forma de lazo… todo era rosa. Me encuentro también con un discurso institucional, mojigato y con tintes heroico-victimistas. Y todo muy políticamente correcto hasta que me toca hablar a mí.  
Algo se encendió: por un lado, salva de aplausos espontánea que hasta a mí me dejó

impactada. “Me hacéis sentir una superstar”, agradecí a ese sector del público. Por otro, manos que se alzan pidiendo réplica, cosa que no había ocurrido con ninguna de las intervenciones anteriores; hasta el moderador me replicó. ¿Por que? Pues porque me metí con el lacito rosa y como lo lucían en sus flamantes solapas, tenían que justificarse: “Gracias al lazo rosa se consigue mucho dinero para investigación”, dijo, y yo no añadí “…del que se lucran las empresas farmacéuticas” porque en ese momento no se me ocurrió y ya me ha dado rabia, ya. Bueno, algo insinué al final de mi intervención. Para acabar de adobarlo, la doctora que se sentaba a mi lado y a la que cedí amablemente el micro aunque era mi momento y ella ya había tenido el suyo sin interrupciones, hizo la aclaración vital: El lazo, para ella, es un símbolo, como la cruz judeocristiana que también luce con idéntico orgullo o más si cabe. Aplausos del otro sector. ¿Qué pintaba yo en todo aquel montaje? Muy sencillo, una de las organizadoras me aclaró en el intermedio, que para eso me habían traído, ¿para agitar a las masas, poner la nota de color, clownificar el asunto, hacer de diana? No lo sé. Estuve por huir nada más acabar mi mesa, pero vi en el hall que se preparaba un piscolabis y yo por una merienda me dejo dilapidar. Hice bien ya que entre canapé y canapé se me acercó un montón de gente a agradecerme el discurso, el tono y la nota discordante. Y me aseguraron que comprarían Alicia en un mundo real. ¿Ves? Por mi parte, objetivo conseguido, promocionamos el libro.

La frase del día: Sigue gris, pero hoy, con un toquecito rosa
Misma autora